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Naufragios

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El Señor Ignace D’Arridon se quejaba siempre de la mala suerte que había tenido. Mala suerte o intención aviesa por parte del Obispo que le había destinado a Douarnenez. Este sabía perfectamente de su afición a la botánica, de los trabajos que había realizado aprovechando los tiempos libres que le daba su labor pastoral en las diferentes parroquias que había ocupado. “Hijo –le había dicho en una ocasión-, nos consta que eres uno de los mejores en tu especialidad, y estamos orgullosos de contarte entre nosotros”. Aquello el Señor Ignace lo había interpretado como una promesa, la garantía de que en cuanto hubiera la menor oportunidad, emplearía sus contactos con otros obispados, y sería enviado a alguna parroquia rural del mediodía, de esas en las que la primavera estalla en luz y colores mucho antes de llegar, y duerme plácidamente en lo más profundo del invierno. El bueno del párroco se veía ya acortando los oficios y despachando con dos avemarías las confesiones de sus fieles, para ...

De Goussier a Bonfils

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Hay ocasiones en las que después de una larga ausencia, y tras mucho tiempo sin escribir sobre otra cosa que un tema muy particular del que no viene a cuento hacer mención, uno se queda como estancado, sin nada que decir, pero con un enorme deseo de dar de alguna manera testimonio de su presencia en este lugar. Así que la solución es echar mano de las transcripciones de lo que ya está escrito, de algo que en su momento llamó nuestra atención y quedó guardado en el cajón de espera para momentos como este. En esta ocasión, traduzco peor que mejor una carta que a mí me pareció interesante, y creo que dado el tono de esta casa, tiene perfecta cabida en ella. Se trata de un escrito dirigido a Antoine Joseph, padre del injustamente olvidado Antoine de Bonfils , por su amigo Louis-Jacques Goussier, matemático y uno de los principales ilustradores de la Enciclopedia de Diderot. --------------------------- Querido Antoine: Como ya imagino, habrás sabido de mi marcha apresurada de París por boca...

A la sombra de las nubes

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Es como si hubieran estado esperando desde hace ya unas semanas. Como si su necesidad de salir desbocadas sobre el manto azul del cielo, quedara contenida en la prisión de mis dedos. Su deseo era el de huir de mí, y buscar la manera de elevarse y cubrir nuestras cabezas con el silencioso aliento del olvido. Pues ya está. Ahí quedan. Libres. ¡Que vuelen! Dejándose llevar al antojo de los vientos celestes, acompañadas únicamente del suave susurro del aire. Las abandono a ese silencio. Al mismo en el quedará este cuaderno durante unas semanas, mientras recupero parte de mi tiempo, recapacito y pongo al día algunos asuntos que tenía abandonados, entre ellos el relato del Camino de Santiago que hice el año pasado. Supongo que no me privaré de visitaros siempre que me sea posible. No hay nada peor que la soledad, y en las aguas anímicas en las que uno navega en ocasiones, aquella es la peor de las tormentas… Mientras tanto, cuidemos este lugar en el que yo guardo reposo. Velémoslo en su desc...

Ikiru

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Era cerca del mediodía cuando el autobús llegó a Rennes le Chateau. Por esas cosas de disfrutar lo más posible de lo que nos puede ofrecer el país, habíamos dejado el coche en Mirepoix, el pueblo de las caras de madera, y tomado el autobús que en una hora nos iba a llevar a nuestro destino. Es una solución cómoda –es un suponer-, barata y lo mejor para ir metiéndose en ambiente. Lo primero que nos llamó la atención según íbamos entrando en el pueblo, fue un enorme cartel a la entrada que rezaba: “Les fouilles sont interdites sur le territoire de la Comune de Rennes Le Chateau” (“Están prohibidas las excavaciones en el territorio de la Comuna de Rennes Le Chateau”) Nos quedamos mirándolo mientras el autobús paraba, intentando leer lo que ponía en él, a la vez que bromeábamos sobre nuestras expectativas de encontrar el tesoro dada la prohibición. - No es el único –nos dijo un paisano que viajaba junto a nosotros al otro lado del pasillo-, ustedes los verán repetidamente a lo largo de ...

El mapa del tesoro

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- Si ustedes van algún día por Roma, no dejen de visitar el Arco de Tito, aquél que se erigió en honor de dicho emperador para celebrar su victoria sobre la revuelta judía. En uno de sus relieves verán representados un grupo de romanos portando las piezas más importantes del botín: la Mesa de los Panes, las Trompetas de plata y la menorah de los Siete Brazos, procedente del Templo de Jerusalén. Se les ve luciendo orgullosos sus estandartes mientras entran en la ciudad eterna por la “Porta Triumphalis”. El hombre que había empezado a contarnos esta historia y que iba a terminar, entonces no sabía todavía cómo diablos, por explicar el por qué de que Carcasona fuera el Fort Knoxx del mundo romano, detuvo su relato en este punto. - ¿Saben ustedes de historia? –nos preguntó. - Algo sabemos, aunque con un poco de imaginación y algo de gracia es fácil engañarnos… - ¡Como a todos! –exclamó lanzando una carcajada-. Tomen ustedes un poco más de este vino caliente, que les ayudará a creer con m...

Vino caliente y vacas saboyanas

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Mira por dónde, jamás pensé que íbamos a terminar aquella mañana sobre el Puente Viejo, frente a la bella cité de Carcasona, con la vista nublada, y el entendimiento más ligero que el de las aguas que corrían bajo nosotros hacia su desembocadura en el Mediterráneo. Quién sabe por qué, pero el ánimo pletórico de quien esto escribe, le empujó a hacer el ridículo una vez más, recitando en voz alta mientras cortaba una hogaza de pan con su navaja, aquellos antiquísimos versos que dicen ¡He recorrido el país en todas direcciones! ¡He franqueado las más inaccesibles montañas Y he atravesado todos los mares! Mi cara no ha sido saciada aún por el dulce sueño Y me he agotado a fuerza de errar; la angustia ha invadido mis músculos, Y ¿qué he ganado con tantas fatigas? Y no era para menos el entusiasmo, pues aquél pan lo estábamos acompañando con una deliciosa y aromática porción de reblochón que llevábamos con nosotros. ¿Que teníamos un queso?, no, eran tres; ¿cómo es esto?, no tengo ni idea; ¿...

¡Que siga la ronda! (un Meme literario)

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Imagen de "La Guerra de los Botones" (1962), de Yves Robert. Cuando era un crío, de eso hace ya una buena porción de décadas, teníamos en nuestros juegos y hábitos escolares una maneras tan rupestres, que vistas desde la distancia a uno le parece que de habernos descubierto algún antropólogo, hubiera disfrutado de lo lindo describiendo, tomándonos como referencia, los usos y costumbres de las comunidades cavernícolas más incivilizadas. Me explico. Al igual que en grupos tribales considerados más atrasados que el nuestro, hacíamos uso de cerbatanas que en nuestro caso no eran sino las cápsulas de los bolis Bic con los que impulsábamos de un fuerte y seco soplido una especie de masilla hecha a partir de saliva y un pedazo pequeño de papel. Nuestros objetivos favoritos eran la espalda asotanada del Padre Artola –puño justiciero del mal estudiante-, y las pizarras de las aulas vecinas. Nuestros pupitres, de los que ya he dicho algo en otra ocasión , eran lo más parecido que habí...

Charlois le bruit dans la tete

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Visitábamos aquél día la bella ciudad de Narbona, la que recibe el tramo final del Canal du Midi , la misma que exhibe orgullosa el Palacio Arzobispal y hace gala de unos horarios de visita tales que nos animamos a aprovechar todo ese tiempo para merodear por los alrededores, y curiosear tanto por callejuelas como por avenidas. También nos dio tiempo a visitar uno de esos Internet Cafés , de los que hay cada vez más, revisar los correos y hacer una visita fugaz –como no- a los amigos blogeros. Acabábamos de salir de ahí, cuando bajando por la Via Domitia dimos con una vieja tienda en la que se veía, a través del escaparate, que en ella se vendían libros de segunda mano, a precios que era casi imposible resistirse a salir con alguno bajo el brazo. Así me pasó con una biografía de Mirabeau, otra de Saint Just, una de Danton, la vida del famoso inquisidor Jacques Fournier y un último libro del que voy a hablar a continuación. “Ils voyageaient la France. Vie et traditions des compagnons du...

Intermedio I

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Y ya que me lo pides, abandono en mi forma la luz, dejo que el aire me lleve hacia la oscura pared, quedando a la espera, aquí, en la soledad.

No despertéis a la amada...

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De mi visita a Albi podría contar muchas cosas: cómo enriqueció en el medioevo a los comerciantes de la ciudad la famosa cocagne ; las escaramuzas que provocó entre los poderes locales la posesión de los palomares de la región, tal y como ocurrió en la Capadocia, y estoy seguro que en muchos otros sitios; de la fuerza del paisaje de las Montañas Negras, que tuvimos que atravesar para llegarnos hasta allá desde Carcasona, con sus aldeas colgando al abismo de aquellas profundas gargantas; de los pueblos subterráneos que existen al norte de ella; y, cómo no, de la belleza de la mítica ciudad que sirvió para dar apellido a la herejía cátara, de sus calles y edificios, de su museo Toulouse-Lautrec y, sobre todo, de la Catedral. Pero voy a detenerme, a guardar mi palabra y procurar un rápido silencio. Sólo quiero contar que allá, en el interior de ese templo dedicado a Santa Cecilia, reposa plácidamente, como dormida bajo la tutela de uno de los murales más impresionantes que se conservan en...

El niño barbado y los apóstoles epicenos

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Era como a poco más de medio viaje camino de Carcasona. Habíamos planeado desviarnos a aquél lugar y pasar a hacer una visita rápida, antes de continuar para llegar a nuestro destino a eso de la media tarde, con la anochecida que tanto se apresura en hacerse presente a estas alturas del año. Hasta entonces, mi relación con aquél lugar, Saint Bertrand de Comminges, no había pasado de ser algo platónico, un tanto idealizada y llena de esos recuerdos avant la conaissance –perdón por la pedantería-, que minuciosamente ornamentan de alma a todo aquello que sentimos el deseo de conocer personalmente. Algunos años atrás, mientras rebuscaba en una feria del libro antiguo y de ocasión de no sé donde, di con una especie de libro de viajes por el sur de Francia, lleno de preciosas ilustraciones representando aquellas localidades a las que se hacía mención. En ocasiones, se trataba de reproducciones de antiguos grabados y láminas, y mirando una de ellas, que es la que nos ocupa, me entretuve un b...

…en estos nuestros detestables siglos…

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Cuando uno regresa de pasar sus días de libertad vagando por lugares que apenas conoce, guarda en forma de recuerdos imágenes y sensaciones que sabe que con el tiempo irá convirtiéndolos en idealizaciones, en aquello de lo que echará mano para sobrevivir al dolor de la vuelta a la rutina. Ese es mi caso, y en un pequeño y todavía cercano rincón de mi memoria descansa, desde hace poco tiempo, un nuevo legajo cerrado en cruz por una vistosa cinta de colores sellada al lacre rojo. Allá –entre todos esos papeles-, encontraré cada vez que necesite volver a ella, la memoria de esa primera mañana fresca, cubierta por el manto de una fina niebla; escucharé el ladrido lejano de algún perro; sentiré la fragancia verde de la hierba, y el tacto húmedo, casi moldeable a la presión de mis dedos, de esas piedras que recibieron su forma hace ya varios siglos. De aquél lugar, el primero de muchos que iba a descubrir, se contará con qué solemnidad permanecía erguido ante mí, como si fuera la antesala a ...

¿Qué sabes de las nubes?

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Como es habitual en esta casa, cuelgo las nubes para despedirme por unos días. No es que sea algo que me ilusione esto de las navidades -mas bien todo lo contrario-, pero como es la humana una especie que aprende a adaptarse y sobrevivir, yo lo hago como mejor puedo en tan incómodas circunstancias; y eso no es sino saliendo a la carrera lejos de aquí, de ellos, de todo esto. Mañana nos vamos para un pueblo que está a veinte kilómetros de Carcasona, y allá espero recibir al año que se nos echará encima en pocos días. Regresaré a principios de enero, cuando vuelva a encender este ordenador que ahora apago hasta mi regreso. Salud, y que el próximo sea un buen año para todos vosotros. PS: si no tienes nada mejor que hacer, he dejado aquí abajo la segunda parte de "La piel del cretense" para que conozcas otras maneras de celebrar a los dioses.

La piel del cretense (y II)

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Otro ouzo más; invita la casa, cómo no. Después, la mujer desapareció en la trastienda llevando la botella consigo como si se tratara de una luz que va alumbrando su paso. Mientras tanto su marido, nuestro anfitrión, continuaba repartiendo apretones de manos, dándose sonoros abrazos e intercambiando risotadas con el grupo de conocidos que acababan de entrar: les contaba no sé qué cosa en medio de un mar de gestos, y tomó un catalejo que había a su espalda en uno de los estantes, para comenzar a abrirlo poco a poco, sacando cada una de sus piezas de dentro de la anterior, sin detener mientras la cháchara en la que se había envuelto con sus amigos. En cuanto a nosotros quedamos en silencio, ajenos a ese murmullo imperceptible que sonaba más monótono a medida que lo alejábamos de nuestros pensamientos. Al frente quedaba aquél gran espejo, cubierto casi en su totalidad de fotografías, postales y recortes de periódicos, y por entre medio de ellas veíamos nuestra imagen reflejada en él, sile...