18 años después
Hay ocasiones en las que alguien, sin ser consciente de ello, dice una palabra –o la escribe, claro está-, dirige una mirada e incluso abre un silencio, que tiene un efecto tal sobre el ánimo de otra persona, que es capaz de encender una pequeña luz, abrir una sonrisa y cambiar el rumbo de sus pensamientos, virando la derrota hacia las costa de oriente, directo hacía el mismo lugar donde nace un nuevo día. Esta es cosa muy común, lo sé, como lo es su contraria, pero no existe, que yo sepa, una palabra que lo defina con total precisión. Y sin embargo, hay en ellas un algo que las hace poderosas, tanto que pueden cambiar el ritmo de nuestras emociones. Hace una semana, mi afán por coleccionar fotografías de todo grafito que me resulte interesante, se vio premiado con un hallazgo a las afueras del pueblo llamado Sarrance, cerca de la frontera de Somport, junto a la carretera que lleva de éste a Escot. La inscripción, tallada sobre la roca en una de esas maravillosas letras de imprenta, d...